Mi amigo Humberto hace unos meses posteó en su CaraLibro la siguiente nota:
A todos mis amigos escritores o amantes de la lengua:
El género común es útil, evita pérdidas de tiempo, sintetiza abarcando ambos géneros y ambos sexos. Es más económico decir, cuando traducimos el Evangelio, "dejad que los niños se acerquen a mí" que decir “los niños y las niñas”. Decir, incluso, con Quintiliano que "al niño se le debe máxima reverencia", evidentemente se refiere a niños y niñas. [Francisco Rodríguez Adrados / De las Reales Academias Española y de la Historia, ABC]
Tampoco se acepta la utilización redundante del masculino y del femenino. “La mayor parte de los ciudadanos y de las ciudadanas” es un circunloquio innecesario.
El criterio básico de cualquier lengua es economía y simplificación: obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede resumirse en dos.
Así que parece innecesario ese desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina que se mencionaba al comienzo de este artículo. Algunos van más allá (Francisco Rodríguez Adrados De las Reales Academias Española y de a Historia) y dicen que es tonto e inútil, destroza la economía del lenguaje. Es grotesco.
Una comisión del parlamento andaluz se dirigió a la Real Academia Española (RAE) solicitando un informe sobre la corrección de los desdoblamientos tipo “diputados y diputadas, padres y madres, niños y niñas”, etcétera. La RAE respondió puntualizando que tales piruetas lingüísticas son innecesarias.
El empleo de circunloquios y sustituciones inadecuadas (“diputados y diputadas electos y electas”, en vez de "diputados electos", o llevaré “los niños y las niñas al colegio", en vez de "llevaré los niños al colegio") resulta empobrecedor, artificioso y ridículo. [Arturo Pérez-Reverte / De la Real Academia Española, XLSEMANAL]
Y para condimentar la cosa, algunos prefieren usar la arroba (@), y armar cosas como: "Estimad@s lectores". Pero la arroba no es una letra.
La RAE es clara en este sentido y dice: "Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos, sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en "Día del niñ@", donde la contracción "del" sólo es válida para el masculino niño.
(Tomado de "De Todo 1 Poco", Uy).
A todos mis amigos escritores o amantes de la lengua:
El género común es útil, evita pérdidas de tiempo, sintetiza abarcando ambos géneros y ambos sexos. Es más económico decir, cuando traducimos el Evangelio, "dejad que los niños se acerquen a mí" que decir “los niños y las niñas”. Decir, incluso, con Quintiliano que "al niño se le debe máxima reverencia", evidentemente se refiere a niños y niñas. [Francisco Rodríguez Adrados / De las Reales Academias Española y de la Historia, ABC]
Tampoco se acepta la utilización redundante del masculino y del femenino. “La mayor parte de los ciudadanos y de las ciudadanas” es un circunloquio innecesario.
El criterio básico de cualquier lengua es economía y simplificación: obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede resumirse en dos.
Así que parece innecesario ese desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina que se mencionaba al comienzo de este artículo. Algunos van más allá (Francisco Rodríguez Adrados De las Reales Academias Española y de a Historia) y dicen que es tonto e inútil, destroza la economía del lenguaje. Es grotesco.
Una comisión del parlamento andaluz se dirigió a la Real Academia Española (RAE) solicitando un informe sobre la corrección de los desdoblamientos tipo “diputados y diputadas, padres y madres, niños y niñas”, etcétera. La RAE respondió puntualizando que tales piruetas lingüísticas son innecesarias.
El empleo de circunloquios y sustituciones inadecuadas (“diputados y diputadas electos y electas”, en vez de "diputados electos", o llevaré “los niños y las niñas al colegio", en vez de "llevaré los niños al colegio") resulta empobrecedor, artificioso y ridículo. [Arturo Pérez-Reverte / De la Real Academia Española, XLSEMANAL]
Y para condimentar la cosa, algunos prefieren usar la arroba (@), y armar cosas como: "Estimad@s lectores". Pero la arroba no es una letra.
La RAE es clara en este sentido y dice: "Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos, sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en "Día del niñ@", donde la contracción "del" sólo es válida para el masculino niño.
(Tomado de "De Todo 1 Poco", Uy).
Como reacción yo escribí esta corta reflexión sobre el género y el lenguaje que les comprato hoy:
Creo que no se puede tomar ligeramente este pronunciamiento de la RAE. Y antes de adentrarme en el asunto valga decir que esta “institución” la mayor parte de las veces está en desfase o un paso atrás con lo que las hablantes reconocen como correcto (y no olvidemos que es a las hablantes a quienes les pertenece la lengua y no a una élite de académicas y literatas). Dicho esto, vamos al grano. Estoy de acuerdo en un solo punto con la RAE: leer un texto (o escuchar mensajes) en los que en todo momento que aparece un sustantivo se hace referencia a ambos sexos es un poco tortuoso (“to say the least”) y obstaculiza la lectura. Sin embargo, aseverar que: “El criterio básico de cualquier lengua es economía y simplificación: obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede resumirse en dos”, me parece irresponsable. La lengua como cualquier otra creación humana sirve múltiples propósitos. Que la mayor parte de las veces intentemos sintetizar nuestras comunicaciones no significa que las que no son cortas o económicas no tienen valor alguno o que no merecen ser reconocidas como válidas. ¿O acaso no apreciamos el trabajo de nuestras escritoras precisamente por su extensión y la belleza que logran con ella? ¿Qué diría Gabriel García Márquez si desdeñan su trabajo por ser largo? ¿O Matilde Asensi por abusar de los circunloquios? Lo cierto es que el lenguaje es un instrumento político. Ha sido utilizado para unir reinos, para colonizar pueblos, para subordinar sectores de nuestra población y para dejar a otros sin expresión. Desde hace unos años, sin embargo, ciertos grupos han querido utilizarlo también como un instrumento de liberación y de concientización. Estos grupos han tratado de demostrar la carga ideológica de nuestra lengua y evidenciar que es un instrumento más del patriarcado. A este tan importante reclamo algunas han respondido, que la lengua es neutral, que es un mecanismo de comunicación y que la comunicación debe ser rápida, o que todo esto es un capricho. Pero no es ningún capricho. El lenguaje es la herramienta principal por la cual somos educadas. Las implicaciones que ésta tiene en nuestras vidas y la sociedad no deben ser subestimadas. Por tanto, un reclamo tan vital como la perpetuación del patriarcado a través del lenguaje no puede ser simplemente despachado con un argumento de eficiencia comunicativa. Si nos preocupa la eficiencia comunicativa y reconocemos que el idioma es un instrumento del patriarcado existen varias formas en las que podemos hacer nuestro “statement” político y ser eficientes con el lenguaje al mismo tiempo. En vez de utilizar el masculino como el neutral que incluya tanto al femenino como al masculino podemos utilizar el femenino como la forma neutral. (Notarán que esa fue la estrategia utilizada para este comentario.) También se puede utilizar ambas formas para casos particulares que pretenden negar la gran carga que las mujeres asumen en nuestra sociedad. Por ejemplo, sería indicado en la carta que una estudiante deba llevar a su casa utilizar “las madres y los padres deberán ...” Estas son algunas de las múltiples opciones que aquellas preocupadas con este “issue” han elaborado en las pasadas tres décadas para complacer a todas las personas aun aquellas que su única preocupación es la eficiencia y no la desigualdad que existe en nuestra sociedad. Escudarse tras el argumento que problematizar el género en la lengua sólo entorpece la comunicación o que no es importante porque hay un acuerdo cultural en que todas estamos incluidas en el masculino, lo único que consigue es perpetuar el patriarcado y ensanchar la brecha que separa los sexos en las esferas pública y privada.


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